POESÍA
“Duro oficio de vivir” y otros poemas de Carlos Fajardo Fajardo
06 · SEPTIEMBRE · 2026

DE DURO OFICIO DE VIVIR (2026)
POEMA A NAZIM HIKMET
Hoy que llueve sobre Bogotá
leo tus poemas Nazim Hikmet, tus cartas desde las cuatro cárceles,
el recuerdo de los patios sonoros en Istambul,
el lento pero seguro avance de tu angina de pecho.
No me desilusiono ni lloro.
Tampoco soy un simple desesperanzado.
Sin embargo, Nazim, mi país es una cárcel mayor,
mayor que la de tu Ankara, más fría que la de Cankiri,
más insoportable que la de Bursa.
Todas tus cuatro cárceles reunidas son apenas recintos con jardín.
Como tú, turco naciente,
en el nombre de esta tierra tomo la palabra
y malas noticias me llegan con lluvia matutina,
malas noticias sobre un país cerrado donde nadie nos deja cantar.
Prisionero, exiliado eterno,
con quince heridas, según decías,
escribo en torno a estas paredes deseando ver una luz.
Escucha, Hikmet, este poema compuesto por varias manos
con despedazadas uñas de tanto escarbar.
También estamos incomunicados como lo estuviste en Ankara,
donde te prohibían ver el cielo azul
y un árbol silvestre plantado en algún sitio.
También hablamos con nosotros mismos
en siniestras ciudades
y nos dan ganas de llorar sobre algún seno
llorar o insultar temblando en la lluvia.
Destrozados, solos con el vaivén de lentas horas,
vigilados desde los cuatro costados,
se abre nuestra ira como una gran verdad
y en las torres del aire
lanzamos gritos por oscuras ventanas.
Nazim Hikmet, llueve sobre Bogotá.
Yo releo tu poema a Taranta-babu
pero no puedo hacer un himno para beberme el sol,
no puedo estrechar mi pecho y darme alegría.
¿Cuándo cesará esta llama que a todos calcina?
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A PESAR DE LA MUERTE
Escúchame Giovanni Quessep,
seguiré feliz a pesar de la muerte
que me acecha desde las araucarias,
seguiremos felices,
nadie nos quitará la gratitud de ver un nuevo día
tan mísero y sin jardín.
Aquí la alegría no alcanza para todos.
Estamos cansados.
Hemos habitado por años casas de gran oscuridad,
fornicado en sus estrechos espacios,
bebido en las noches íntimas,
no ha sido suficiente.
Algo nos falta.
Se ha podido gritar y callar,
crear momentos de silencio,
poblar la vida con palabras.
Pero no. Algo nos falta.
La muerte vigila desde las araucarias
y en sus largos dedos
enreda hilos de una madeja siniestra.
Alguien susurra:
Carlos, Carlos,
estos malos tiempos pasarán.
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EL POETA NO OLVIDA
He contado las estrellas contigo, Yannis Ritsos
y he jugado con la luna.
He sido encadenado también en islas malditas,
oído las alas de mariposas en verano,
olfateado la fatalidad en una mujer desnuda.
Ahora recorro tus tierras calcinadas,
pequeñas cruces negras en la frente de los muertos
sin que nadie acompañe ese silencio en el crepúsculo.
Con tu historia de mitos
hoy vierto un poco de sal en la lentitud del día
para tomármelo a grandes sorbos sin ocultar el asco.
Porque el poeta no olvida.
Acurrucado en mi pequeña cámara
escribo por tantos poetas tomados en prisión,
veo salir tu sueño por los barrotes de Yaros
hacia planicies sin fin
donde coroneles incineran libros llenos de epitafios.
Yannis Ritsos,
todo adquiere un nuevo color cuando te leemos:
los presos y las niñas caminan bajo árboles de luz,
las mujeres se tornan tristes y hermosas.
Así te vemos, poeta,
entre estatuas que ríen o lloran sobre las ruinas.
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EL SUEÑO DE LA MUERTE
Recibe este rostro mío,
mudo, mendigo
Alejandra Pizarnik
Alejandra,
la muerte siempre al lado, decías,
todo para morir de tanta vida.
Nadie te ocultó del combate,
ni las mismas palabras.
vieja niña con tu camisa en llamas.
¿Quién te entiende ahora?
¿Quién lee tu misterioso y sombrío abecedario?
¿Quién recita tu poema de ausente, tu jardín prohibido?
Ahora las lilas colorean vientos
y todavía hay mucho abismo como el que abarcaste,
mucha pesadilla en la luz,
sombras muertas petrificadas en los muros.
Que nadie te hable
y dejen dormir tu noche eterna.
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OFICIO DE VIVIR
Tú ya no esperas nada,
sino esa palabra que brotará del fondo
Cesare Pavese
La soledad es nuestra marca,
Cesare Pavese.
Triste destino
para los que vivimos calcinados
ante el malecón de la muerte.
Son tantas tus promesas desechas,
angustias por un sueño imposible.
Hay aquí un diario íntimo
y poemas escritos frente al mar que no amas.
Hay también una mujer
mirando la iluminada silueta de su cuerpo,
tan enamorada de sí,
que huye de tus rotas banderas.
Y está ese día de agosto
cuando oculto en el hotel
te marchas al fin con todos tus misterios.
Manías de soledad dirías,
manías de un hambriento frente a provocativos bocados,
espíritu que duele como un huracán.
Trabajar cansa, lo sabemos.
Tú decidiste descansar en medio de la fragua
y nos has dejado soportando este duro oficio de vivir,
reclamando a gritos algún amoroso navío.
Basta de palabras. Ni un gesto.
No escribirás más.
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VENCEDOR DE LA MUERTE
Pero aquí abajo la acción, pisando los talones a la palabra…
Pero aquí abajo todo es condena, a cadena perpetua…
Vladimir Holan
Quien se ha hundido en poesía
ya no puede salir, escribes.
Caminas a medianoche
cosiendo los rincones en un amasijo de desesperación.
Preguntas por tu país siempre de otoño
y sólo el Dolor responde.
Solitario,
obligado al bien o al mal
por todos aquellos que te olvidaron en la niebla,
escribes ese Dolor,
cazador de recuerdos.
Vladimir Holan,
el dolor habita en tu palabra de abismo
torturando de goce a los que de poesía mueren.
Está en Praga
aspirando los aromas de abandonadas mujeres en invierno,
y en cárceles
a la hora en que la oración por los poetas muertos nada significa.
Un poema, lo sabes, es un don,
como lo es un amigo o los labios de una novia
en medio de la ventisca,
una fugaz declaración de amor.
Hoy la lluvia cae sobre las tumbas.
Alguien que no quiere olvidar
se ha posado frente a ti con un libro de poemas
y lee en alta voz derrotando la ausencia de esas manos
que escribieron paisajes de fuego,
vencedor de la muerte.
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DUEÑO DE PRISIONES Y DE TORRES
A cada cual su palabra.
A cada cual la palabra que cantó para él
cuando la jauría le atacó por la espalda.
Paul Celan
Una luna última no te salva Paul Celán,
sólo esa idea de morir tan joven
junto al poema que escribiste
a una madre muerta.
Si pudieras ahora escucharme
sabrías que la realidad se ha transformado en lodo
y que no existe salvación en algún misterio no revelado.
Pero eso es metafísica de ingratas horas.
Sabes que tus poemas son una cortina de bruma
para no ver lo que se enciende de veras en tu imagen.
Entonces miras el mar que no es mar
sino tu despedida,
sueñas viajar hacia la fatalidad sin promesas
con una palabra o con una mujer de palabras precisas,
y te arrojas a las heladas aguas del Sena
arrancándote el pellejo del día.
Bebo mucho, hasta que mi corazón te oscurece, escribiste.
Hablabas como entre símbolos,
cartografías secretas para los grandes descifradores,
poetas que leen santos y señas en medio del asalto
y revelan códigos en el tallo de la noche.
El tiempo aún te tiene entre sus manos.
Nadie desterrará tus sufrientes versos
escritos como voraces cuchillos.
Nadie te quitará esas razones para ser y vivir
lleno de Amapola y Memoria
de Umbral en Umbral
lanzándote a la perpetua fuga de la muerte
dueño de prisiones y de torres.
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MIS DEUDAS CON ESTE SIGLO
Mis deudas con este siglo no han sido pagadas
ni las pagaré.
¿Para qué pagar deudas cuando todo se nos debe?
La vida ha sido vendida
y no han cumplido con el plazo previsto.
La muerte viene a escarbar mis vísceras.
El reloj que aferro a la muñeca también es mi condena
y escucho voces anunciando tiempos de fin.
¿Quién dijo que los poetas construyen sueños?
La estirpe que los signa
es un largo cortejo de vacíos,
apuntan palabras para poder soportarse,
desean palpar lo que no se puede palpar,
sus poemas son secos paisajes en un país abrupto,
muy pocos para mencionar tantas penas.
Saben que han de morir
eso es lo exacto.
Su felicidad no alcanza para todos.
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DE ÍNSULA VIENTO, 2016.
LA TIERRA TRAÍA AROMAS DE HELECHOS
Al mediodía oíamos las maderas de los árboles,
su sonido entrando a nuestra casa.
Los hermanos se unían a ese coro que cantaba
junto a nerviosos insectos.
Las telarañas se acumulaban en las alcobas
y fuertes palabras se decían sin ninguna moderación.
En diciembre las hormigas se volvían más temibles,
los reinos del agua hablaban con las piedras del río
y la tierra traía aromas de helechos.
Cantábamos casi sin edad.
Bastaban pocas palabras,
espejismos de hembras en las orillas rumorosas.
No era todo lo que en realidad deseábamos,
pero en los cuerpos de las jóvenes veíamos la luz,
algo de alegría.
Desde los matorrales espiábamos a las más bellas
mientras el río les bañaba sus pechos,
erectos como una bandera
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BARRIO DE INVIERNOS
Desde las colinas
nuestras casas avanzan hacia una estación de bruma.
La lluvia golpea las estancias secretas
y el viento se extiende como mantel de plomo.
Alguien cuida amapolas en el azotado jardín,
frágiles maderos quemados en la aurora.
En la profundidad de los recodos
escuchamos a los muertos,
oímos sus voces a la hora de la siesta.
Mientras las casas permanecen bajo los golpes del agua
la noche se roba el silbo de los pájaros,
la eternidad del día.
Luego, tendidos de espaldas bajo un cielo apacible,
pensamos en nuestros vivos con su luna imantada,
efímeros, como la hierba que crece
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UN TREN EN LAS TINIEBLAS
Se supone que éramos eternos.
Vivíamos antes del mundo
cuando una palabra bastaba para inventar desolados navíos,
extraviados en nuestro lago infinito.
Así nos sentimos en aquel barrio
con sus casas detenidas como un tren en las tinieblas.
Las puertas se cerraban a cada instante,
quejidos germinaban bajo el tamboreo de la luna.
Al anochecer nos refugiábamos en nuestras culpas.
Huéspedes por los rincones de casa
nos seducían cotidianos ángeles
que enredaban sus voces al aire de las alcobas.
En el duro verano centelleaban los ojos del pellar
y un silbo se escuchaba en labios del hermano.
Frente a la terquedad del día
el aire traía mensajes de placer,
abrigos de luz
y algún enamorado entonaba baladas,
curaba sus heridas.
Mientras el país ardía entre pavesas
esas canciones arrullaban al silencio,
hospederas del amor,
caricias del mundo
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DE EL ECO DE LA TORMENTA, 2021
A FUEGO LENTO
Mantengamos a fuego lento el candil del recuerdo,
una tarde, un adiós, una alianza,
los objetos que habitaron las repisas,
aquella palabra de relámpago iluminando una promesa,
los cinco o diez propósitos
desplegados ante el temblor de un deseo.
Mantengamos a fuego lento las rabias del padre,
la voz del hermano en las tardes de agosto,
la prudente tristeza de la madre,
sus ojos velando tras el sueño.
Mantengamos encendido este candil
como barca de náufrago,
único estandarte que nos queda
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EL ARREPENTIDO
El genocida confiesa que no fue su culpa,
que todo se debió a una equivocación,
que no tenía pretensiones de asesinarnos,
que lo perdonemos,
que está arrepentido,
y llora ante las cámaras convencido;
agacha el rostro,
se limpia las lágrimas,
saca a relucir su Otro Yo,
la buena persona que es,
al niño que lleva adentro,
y todos convencidos lo perdonamos,
le damos la bendición
y también lloramos,
hasta nos acusamos por nuestra poca compasión
y convencidos superamos el odio,
todo nuestro dolor,
la solicitud de una larga condena,
y en tanto se apagan los focos
con cínica sonrisa
se burla a nuestras espaldas,
maldice nuestro nombre
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EN VOZ BAJA
Es la muerte, decimos
y el aullido del viento en los socavones
se escucha contra los muros.
Lo mencionamos en voz baja
y andamos en puntillas por los cuartos
pues ella envuelve con su hábito
los párpados del que duerme la siesta,
teje con relucientes hilos
la sábana del desahuciado,
se camufla en la brisa
que azota los muros
como nocturna premonición,
cuchillo que violenta nuestro sueño,
corta la transparencia del día
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CARLOS FAJARDO FAJARDO. Santiago de Cali, Colombia, 1957. Estudió filosofía. Es Magíster y Doctor en Literatura. Cofundador de la Corporación “Si Mañana Despierto”, dedicada a la investigación y creación artística y literaria. Es colaborador del Periódico Le Monde diplomatique. Director de la Colección Pensamiento Estético Siglos XX y XXI publicada por Ediciones Desde abajo, y director del seriado audiovisual “Vida y obra de Artista”, producido por Desdeabajo televisión (daTV).
Ha publicado varios libros de poesía, entre otros: Origen de Silencios, 1981, Serenidad Sitiada, 1990; Veraneras, 1995; Atlas de callejerías, 1997; Tierra de Sol; Navíos de Caronte, 2009; Ínsula del viento, 2016; Bajo extraños soles, 2017; El eco de la tormenta, 2021; Duro oficio de vivir, 2026. Entre sus libros de ensayos se encuentran Estética y sensibilidades posmodernas, 2005; Rostros del autoritarismo, 2010; La ciudad poema. La ciudad en la poesía colombiana del siglo XX, 2011; El Bazar de lo efímero. El arte en la Cultura del mercado, 2014; La emocracia global y otros escritos, 2017; La sal en la taza de café. Notas sobre creación y escritura, 2022; Adoctrinamiento exquisito y controles digitales, 2024; La balada. Educación sentimental de una época, 2024; El eternizador de asombros, 2025. En prosa, La ciudad del poeta, 2013; Cuando el mundo se detuvo. Sobre encierros y otros virus, en colaboración con el pintor Eduardo Esparza, 2023; Libro de apuntes. Crónicas noveladas sobre Cali. Siglo XIX y mediados del XX, 2024.
Poemas y ensayos suyos han sido traducidos al inglés, italiano, ruso, turco, francés, serbio, polaco y portugués. Ganador del premio de poesía Antonio Llanos, Santiago de Cali 1991. Premio de poesía Jorge Isaacs 2003. Finalista en el Concurso Internacional de Poesía Paralelo Cero 2016, Quito, Ecuador; y Primera Mención en el XX Premio Latinoamericano de Poesía Ciro Mendía, 2016, Colombia.