RESEÑA
«Los abismos»: la infancia como precipicio
12 · JULIO · 2026
Claudia tiene ocho años y un apartamento lleno de plantas en el Cali de los años ochenta. Desde esa espesura doméstica observa lo que nadie le explica: la tristeza prolongada de su madre, el silencio obstinado de su padre, la irrupción de un tercero que quiebra la línea recta del camino. Los abismos (Alfaguara, 2021) confirma la poética que Pilar Quintana venía afinando desde «La perra»: un lenguaje escueto y limpio, de nitidez casi cinematográfica, que genera atmósferas potentes sin subrayar jamás sus intenciones.
El primer acierto de la novela es la perspectiva: una voz infantil que registra, conjetura e interpreta lo que se dice a medias. Los abismos del título son tanto los precipicios reales de la cordillera que rodea a Cali como los del alma: el miedo a la orfandad, a las alturas, a la neblina y a la propia oscuridad.
Frente al imperativo de que la literatura señale claramente sus posturas, Quintana apuesta por un tono amable, casi naíf, que sin embargo arrincona y carga de dolor la mirada de la narradora. Una novela sobre mujeres condenadas a vidas incumplidas, contada con una sutileza que la vuelve más devastadora.