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POESÍA

“Albatros” y otros poemas de Omar Ortiz

28 · JULIO · 2026

Omar Ortiz Forero, Silabario, Colombia

ALBATROS

Frente a la ventana, el viejo marinero
Sueña las ballenas que navegan por su alma
Y que su ojo feroz no arponeó.
Su corazón es de verdad un único
Cementerio marino. No el del poema.
El que viaja en esa pequeña ola
Que rueda lentamente por su mejilla,

De Un jardín para Milena (1992)

 

 POEMA DEL OTRO

 El otro, el que camina a la orilla del agua,
Muestra en su cuerpo la saga de la guerra,
El incendio de las eras, la abrasada ala de la torcaza.
Sabe, como Ashaverus, que su exilio termina
En la piedra negra donde el colibrí afila el pico.
Allí encontrará el amor, recordará un libro soñado
Y el árbol dará sombra a su tostada frente.
Ahora, mira por encima del hombro
Con su mueca de siempre, el hastío de lo eterno.
Tal vez seda quien escribe esta página, suya,
Desde la primera huella de sus dedos.

De Un jardín para Milena (1992)

 

A VENTANA

 Atisbo desde el árbol

Respiro por las hojas brillantes del guanábano.
No tengo cuerpo, sólo el ojo que guía la luz por la rendija.
Tú, ajena al ajetreo de mi pupila,
Te recorres con agua de rosas que huelo por las hojas.
¡Oh yo!, ¡el señor de los visillos!
Soy el espejo que no te refleja,
la minucia que te pertenece,
el archivo de tu piel,
la otra orilla de tu ventana.

De El libro de las cosas (1995)

 

EL ESPEJO

 No es verdad que los ojos sean el espejo del alma.
Si tal ocurriera, los asesinos caerían fulminados
y nada sucede cuando el torturador
cruza
y se peina.
De El libro de las cosas (1995)

 

PLEGARIA

 Señor,
si tu misericordia es más grande
que los ojos de mi amada,
perdóname
por amarla a ella más que a ti.
Pero si tu sabiduría
conoce el corazón de los hombres,
entonces permite que me embriague con sus besos.

De La luna en el espejo (1999)

 

HÉCTOR FABIO DIAZ

 Llevo encima el traje azul, la corbata naranja,
la camisa que tanto gusta a Margarita, la del 301,
los zapatos negros recién lustrados, una pinta de hombre,
como dijo mi madre después del beso ritual de despedida.
En la Kodak me tomaron la foto para la solicitud de empleo.
Pero de pronto me empujaron a un auto,
me pusieron dos armas en la cabeza
y acabe tirado en una pocilga
donde me preguntaban por gente desconocida
No señor, decía y me pegaban.
Si señor, respondía, e igual me pegaban.
Duro, loa hacían,
como si no tuviera carne, ni huesos, ni sangre, ni alma.
Ya no tengo traje azul, ni corbata naranja,
ni puedo abrazar a Margarita.
Ahora soy una desteñida foto
que mi madre lleva a cuestas en plazas y desfiles.

De El diario de los seres anónimos (2002)

 

PANDI

Eran los años en que los sueños me habitaban.
Como el malabarista que se juega el alma
en compañía de la muchacha que se alimenta de fuego,
transitábamos mi madre y yo sobre los muertos
que en el día simulaban ser pájaros ciegos.
Peregrinos de la piedra, en romería a las aguas termales,
olorosas a azufre,
topábamos los límites del inframundo,
donde reinaba el jinete sin cabeza.
Mi madre, como si nada ocurriera,
Iba señalando los nombres de los árboles:
éste es un guayacán, decía, aquel, un arrayán,
el que está junto a las grandes rocas, un guayabo,
y así uno tras otro, desfilaban ocobos, guanábanos,
gualandayes, almendros,
mientras yo recordaba el golpeteo de los cascos
sobre las losas.
Hoy, cuando sólo quedan guijarros calcinados,
y ni existen arboledas que podamos bautizar,
la voz de mi madre dibuja en mi memoria hermosos follajes.

De Cequiagrande (2011)

 

HOMENAJE A GARCÍA LORCA

 A pesar de que oficialmente

está la obligación de olvidar,
el crimen aún no se ha borrado.
No, no hablo de los miles de jóvenes
asesinados en mi país que sus madres
lloran y que, por ellos, claman justicia.
Hablo del cuerpo de un hombre sometido al escarnio,
a las balas, en su ciudad, aquella
que según Borges es la revelación de lo perfecto.
Y donde ocultan todavía el lugar de la vileza
y el sitio donde yacen sus huesos.
Hoy, a casi un centenar de años de la alevosía,
no ha llegado el tiempo de la verdad.
Y como el mendigo al que se refiere el poema,
seguimos con la pena de no ver en Granada,

De Pequeña historia de mi país (2021)

 

COYOACÁN

 Ya no se oyen los coyotes merodeando el maguey,
ni en el mercado las mujeres visten el color de sus huipiles,
pero puedes encontrar a Carmen en la librería Gandhi
disfrutar de su risa, de sus malas palabras,
mientras te cuenta de sus republicanos padres,
de su hermano Luis que escribió contra Franco,
cuando dicho atrevimiento costaba la vida,
de su tierra de Durango, de José Ángel, su paisano,
de su casa, a la que te invita,
la oyes, mientras fuma su cuarto o quinto cigarrillo,
despotricar contra los estalinistas
y sobre todo contra las estalinistas,
te pide, le ayudes a odiar una fulana
mientras su carcajada,
hace que los libros tiemblen en los estantes,
y entonces percibes que más allá de la Guadalupana,
la dulce Tonantzin,
en el Distrito Federal, mientras Carmen exista,
siempre habrá una mujer entrañable.

De Poemas mexicanos (2025)