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POESÍA

Manual de escape y otros poemas de Iván Beltrán Castillo

24 · SEPTIEMBRE · 2026

Iván Beltrán Silabario Colombia

MANUAL DE ESCAPE

Y cuando uno se marcha
¿Lleva consigo su tropa de fantasmas?
¿El algarrobo que alimentó con sus metáforas?
La sed que delineó sus huesos
Y dibujó sus facciones
O la extraña e inútil profesión
De soñar el universo
Desde la soledad
¿Infinita de la almohada mítica?

Y cuando uno se marcha
¿Quiénes pasan a ser damnificados?
¿Quiénes encienden el candil
¿En la noche inmemorial, para nombrarnos?

Y cuando uno se marcha
Aunque sin estridencia
¿Se apagan las luces de un humilde
imperio?
Enmudecen las criaturas
Que susurraban oraciones antiquísimas
En las puertas de las casas, tan solo sostenidas
¿Por la acción del deseo?

Se silencian las voces del mentido
Porvenir
¿Con las que dialogaban las mañanas?

El sonido de la granizada
¿Qué es otra metáfora del tiempo?

Cuando uno se marcha
¿Qué ritos y qué rostro se disipan
para siempre?
¿Qué flor, hasta ahora erguida
se convierte en fantasma?

Cuando uno se marcha
Como el pobre Dios que fue
Deja una religión por cantar
Y un catecismo entra
¿En el laberinto del olvido?

Cuando uno se marcha
¿Deja huérfano el esplendor del mundo?

 

CONTEMPLACIÓN

En otra vida fui un niño.
La loca hierba me hacía melancólico
Los potros desbocados
Me enseñaban la libertad.

Crecí poblado de fantasmas
Aquí, borrado de promesas
Y risas demasiado diurnas.

Los anuncios comerciales me recordaban
El final del amor.
Quise abrir todas las maletas
En la tentativa de rehacer el pasado.

Con el amor y el deseo jugaba al ajedrez.
Violé todos los correos
Hago bien todos los heraldos
Y leí, sin licencia
Todas las cartas del mundo.

La llegada del periódico me hizo llorar
Y me exasperaban las ventanas cerradas.
Un aire embrujado paseaba mis pulmones
Vivificando la ceremonia de la tarde.

Me hice perito en contemplación.
La memoria era mi mapa predilecto
Mientras el río navegaba mis bolsillos.

Con los niños me sentaba en la estación
A gritar cosas olvidadas
Al paso de los trenes.

Los ojos grandes eran mi partido político.
La justicia me era infiel
Mudaba de dolores
Cambiaba el botín del Rocío
Por la imagen de un libro.

He muerto de eternidad
En medio de los gritos de los timbres.
Miré todas las ciudades desde los tejados.

En el espacio de mi voz,
Siempre es demasiado temprano.

 

MAPA DEL ESPEJISMO

Todo esto no ha sido más que un parpadeo,
Las calles, las casas y los libros
Las habitaciones poseídas
Las criaturas poseídas
La inviolada alegría que habita los jardines.
Todos los interrogantes,
Y el enigma que arde en la pared
Como un extraño trofeo de caza.

Todo esto no ha sido más que un espejismo
Un carnaval de neblina
Una congregación de duendes.
Tal vez el sueño leve
De un asceta en el desierto.

Los relojes tienen aquí un aire burlón
Los almanaques son verdaderas sátiras
Y las puertas y ventanas
Se abren y cierran sobre
El más confuso vertedero.

La lejanía es al oído una sonata

¡Ah, fue muy corto el sueño del encuentro!
¿Qué son todas estas nimiedades?
¿Y estos leves pensamientos
frente a la eternidad?

 

ESTE MONÓLOGO INTERIOR

Este monólogo interior
Que se desata con la lluvia
Algo nos dice en un idioma olvidado
Que alguna vez fue nuestro,
Tan nuestro como los latidos
Que inauguran
La terca jauría del corazón.

Este monólogo interior
Que se desata con la lluvia
Será por Ventura la cifra
Y el fragmento
¿Qué nos hace tanta falta?
Viene de adentro o de afuera
Este monólogo interior
¿Qué se desata con la lluvia?

¿Y el que se desata con el viento?
¿Y aquel que se desata con los sueños?
¿Y ese otro que se desata con la luna?

¿Serán estos monólogos, acaso
los pedazos del rompecabezas
qué nos perturba y obsesiona?

Este monólogo interior qué
Se desata a cada instante
Tiene la explicación final
Que todos los tiempos
Todas las distancias
¿Y todos los silencios?

 

ATAVÍO DE TRANSPARECIA

¿Y para qué ser visibles?
Mejor asumir alegremente
Nuestra condición de fantasmas
Vivir sabiéndonos un prolongado espejismo
Al que emboscan,
el amor y la belleza
Y al que acechan, tristemente
El olvido, la distancia, los ejércitos
La peste, las fronteras.

¿Y para qué ser visibles?
Eso no cambiará mucho las cosas.
Para que la tentativa de dejar de ser sueños
Ilusiones, tal vez
¿El truco genial de un antiguo mago?

¿Y para qué ser visibles?
¿Cuándo se está también del otro lado del espejo?

¡Seamos bellos fantasmas ¡
Ansiosos de conocer el pan, la carne,
El trigo, la neblina, la tierra
Y el resplandor del otro.

¿Y para qué ser visibles?

Si lo que nos consuela
— la música, la amistad, los poemas,
el agua, la noche o los libros
y de vez en cuando el amor—

¿Son los milagros de todo lo invisible?

 

LA MEMORIA Y EL APRENDIZ

El hombre es el dulce aprendiz
De una lección imposible.
Por todas partes, como llamándolo
Los recuerdos de antiguas caligrafías
De dioses exiliados, de bellas ciudades
Que solo están en los libros
Y en la enervada pasión del sueño.

El hombre es un aprendiz de Dios
Atado a la tierra, a la cosecha
A los imperiosos alimentos terrestres.
No puede despegar un sueño
Planeado desde siempre.

A veces la mirada y los pasos
Del hombre
Van en sentido contrario
Y aunque cante en la mañana
El hombre es también
Un aprendiz de sombra.

 

LA GLORIA Y EL OCASO

A veces, al atardecer,
Cuando regresamos a casa
Sentimos que nuestro día
Fue la metáfora de la civilización
O de las estrellas y la naturaleza
O de los pensamientos frágiles
Que cruzaron la tierra
Como brillantes meteoritos.

La tarde declina dulcemente
Y el pensamiento de llegar
A nuestra alcoba y paladear nuestra almohada
Se parece a la más hermosa
De las salvaciones.

Con la reverencia del ocaso
Entramos en nuestro humilde paraíso
y sentimos que todo encuentra su armonía
Y que todas las criaturas
Aunque a veces dramáticas
Y en ocasiones banales
Valieron el esfuerzo
De nuestra imaginación.

Y entonces la eternidad
Nos cabe en las manos.

 

LA LECTORA

Me encanta contemplar tus ojos
Hermosos y temibles
Al otro lado del poema.

Ellos levantan, ingrávidos
La puesta de sol de la planicie.

En estos días
Donde ya nadie contempla
Absolutamente nada
Yo sigo tus pasos
Solo para contemplarte
Cómo se busca una presencia
En la mitad del naufragio.

Lectora
Al otro lado del poema
Sin saberlo
Justificas mi existencia.

 

HOMENAJE A OQUENDO

Me devolví del amor.

Me dio miedo ser
Una gruta oscura
Unos zapatos rotos
Una puerta clausurada
Una ventana sin nadie.

Me devolví del amor
En defensa propia
Me devolví del amor.

Me dio miedo ser otro de sus exilados
Y me dio miedo también
Abrazarlo con tal veneración
Que se calcinara entre mis brazos.

Oquendo se devolvió de la locura
Le dio miedo ser un furor
Ser un color, ser un sonido
O ser uno de los botones
De su camisa de fuerza.

Yo me devolví del amor
Me dio miedo ser unos labios rotos
Una lágrima
Extraviada al amanecer.

Yo me volví del amor
Síntesis de todas las locuras.

 

CALIGRAFÍA DEL ASOMBRO

Aunque parezca increíble
La ceremonia de leer
Se realiza con los ojos cerrados…

O por lo menos cerrando
Los ojos de siempre, los convencionales.

Porque hay unos ojos detrás de los ojos
Que siempre están pidiendo licencia
Para contarnos lo que los otros no ven.
Para contarnos lo que de verdad importa
Para susurrarnos una verdad olvidada.

Esos segundos ojos son los fundadores
De la pregunta esencial
Y por supuesto también de la belleza.

Ojos recónditos
Que han caminado por encima
Del bosque de los sueños
El bosque de las casas
Y el borde de la niebla.

Ojos escondidos capaces
De encontrar el pabilo de sagrada luz
En medio de la obstinada penumbra.

Solo con estos segundos ojos
Es prudente leer el caligrama del mundo.
Los otros no son más que
Un espejo de la farsa y el remedo.

Tal vez por eso
Para leer cualquier cosa
Así como para despertar
La cosecha prohibida
Lo esencial es tener cerrados
Los ojos de la costumbre.

 

NUESTRA PARADOJA

“Uno se esfuerza por subir
Pero se acostumbra a bajar”.
Harry Martinson

Absolutamente todo
Se va llenando de ausencia.
El patio y su doble sombra
No es más que una familia de ecos.

Se equivocó el que dijo
Que la vida es una suma
Cuando en realidad
Es más bien una implacable resta.

¿Se equivocó del todo?
No escucho bien la lluvia
O no está inminente la vocación de neblina.

Una resta, sí,
Pero habitada por una melodía
Que embellece el acantilado
Y recorta las distancias.

El fénix de nuestros días
Bate un ala hacia delante
Y la otra hacia atrás
Para que una mansión invisible
Es así inderrotable
Aparezca sobre las cenizas
De lo que temprano perdimos.

 

NOCTURNO

Toda la noche
Llovieron recuerdos
Y en la mañana
En el jardín
Vi mi cosecha de espejismos.