← VOLVER

APUNTE

“Señales en el techo de la casa” y otros poemas de Darío Ruiz Gómez

18 · OCTUBRE · 2026

Darío Ruiz Gómez Silabario

Poemas libro “SEÑALES EN EL TECHO DE LA CASA” 1968

I
Para aprender a vivir
levanto el dedo meñique Y
compruebo que en orden de antigüedad
y de tristeza solamente la muerte
me lleva un paso de ventaja.

II
Esta noche y su cadencia de infinita lluvia
Esta resta sucesiva de palabras
O esta manera de decirme quedamente
Que nada volverá a su sitio.

Poemas libro: “A LA SOMBRA DEL ÁNGEL” 1990

I
No dejar que el ángel pase sin motivo para
no regresar. No recurriendo a los ardides
clásicos: la soledad o la angustia o la
anhelada
ternura de un cuerpo en medio de la
noche ardiente. Tampoco recurrir al árbol como
el mudo testigo de una agredida
geografía
O como el dueño de sombras donde el recinto
de los sueños se dilata
hasta insospechados asteroides
Ni al país de la niebla donde el ojo de la nutria
dora el agua de los estanques y los muertos
vagan
en libertad hacia el resplandor del medio día Sería
imperdonable mostrarle ese vacío que llora en
nosotros en la parte innombrada de la
anatomía:
Que el ángel llegue y descubra su rincón más
querido que el ángel vuelva cuando su
propia
huella lo reclame cuando el sufrimiento se lo exija.

II
Por entre el polvo de las tardes
Donde el recuerdo queda. Con su olor
preciso: el alma de las cosas
transparenta un horizonte liberado de
palabras El agua que aún es bruma
el sueño que aún es nube La cabeza que
se duerme en el vocablo de la leyenda
Tristísima luz que baña el corazón
de la memoria ¿Dónde quedó el recuerdo de la amiga?
¿Dónde su rostro que el alba del mundo
desnudaba? ¡Bajo el trémulo ocaso
todo está en agonía! La oropéndola
ciega no reconoce la arboleda: es este
polvo de oro su presencia. Lívido espectro del vocablo
Cercana amiga de nuevo bruma, ola.
Otra vez cielo.

III
Si el líquido impensado de un recuerdo
Te hace fugaz lo que considerabas adquirido
Vuelve tus ojos a la noche inicial. Al río
Que no estaba en las mansiones del placer
Ya lo verás y su espejeo te dará noticias
de un mañana sin rostros conocido. De un
quicio sin espacio definido. De aquella región
donde el deseo se ha extinguido y cual maleza
crece en sus aguas el canto de la melancolía.

 

Poemas libro “LUGARES: LA SOLEDAD DE LA MADRE” 1996

I AQUÍ ME QUEDO

No hay que decirlo: me quedo aquí Afuera el otoño
clama por sus fueros en la hoja que se pudre,
en el cristal empañado por el tedio. No llames a nadie. Hay dinero suficiente
para que desaparezcamos entre estas cuatro paredes de barrio olvidado.
Ni el taxista recuerda a dónde nos trajo. Esta
noche hubo exceso de parejas saliendo de “Palmeras”
hacia el amor La calidez de este ambiente es mejor que
el de los cines continuos.
No he visto tu cara y no necesito verla: olor a cebollas
Y a zapatos húmedos. Esta patria es en verdad una infamia
y toda heredad una impostura, la decencia
una humillación Me basta con tu humildad
con tu falta de vocabulario Esta música
bestial recupera el aliento perdido: Madrid es así
porque el otoño borró mi historia personal.
Prepara las lentejas tiznada damisela !Déjame dormir!
¡Déjame ser dueño de este oculto paraíso barojiano!

 

Poemas libro: “LA MUCHACHA DE LA LEYENDA” 2001

I
Acompáñala hacia el borde del alba
del barrio. Superada la congénita tristeza
de su raza de perdedora, un haz ínfimo
de sol en sus ojos acostumbrados
únicamente a la pérfida sal de un llanto
continuo: la piedad es su arma
vengadora Su espada justiciera
La piedad le impidió tener un nombre o
reposar en el calor de una familia
Pero lo que mira está yerto
O esplendoroso constituye su familia
Su matrimonio vegetal o mineral. Los
ojos de los moribundos han descubierto en
su rostro el paisaje de Nazaret la curva
y reseca palmera que anuncia la
sombra bienhechora Y el niño que ha
venido desde su patria perdida halló
en el cuenco de sus manos el agua purificadora
de la fuente eterna Acompáñala hasta el borde
del día que nace, ahora cuando ella ha caído
en un cruce de disparos, ahora,
repítelo,
que necesita un nombre para su
regreso al cielo.

II
Hay muchos de ellos que bajan a la ciudad y no regresan. La noticia
de su muerte llega con una canción de moda que los compañeros entonan
como la salmodia de un himno Y el balbuceo
pierde su ritmo inicial hasta alcanzar
esa absurda languidez propia de lo que no es nada: las
bacantes danzan en rápidos y sincopados giros No hay
lágrimas en esta macilenta coreografía La aurora irrumpe y
la salmodia se ha agotado
hasta borrar el eco de las voces

de las calles de la otra ciudad llega entre
los velos tumultuosos de las pesadillas el tintineo
de una moneda que rueda sobre el asfalto: llega
el sonido del cauto paso del guerrero perdido
en una tierra de nadie. Imagen que
el duermevela muestra como la figura
de quien se apresta a iniciar un recorrido Y
es incapaz de leer el lenguaje de las
tinieblas citadinas. Blande
la espada, adelanta el escudo. Y avanza raudo
hacia el combate. En la mañana
los primeros transeúntes se preguntarán
por un cuerpo venido de la leyenda
y arrojado entre la basura de una esquina.

III
El mar es incansable Silenciosamente llega
Hasta los barrios más deprimidos
Bordea las rejas de los cementerios
Levantando a los muertos El mar astutamente
escucha las conversaciones de los jubilados en
las desapacibles tardes de los lunes El mar
golpea por las noches las habitaciones
los orfanatos insuflando libertad en
el pecho de los niños más enfermos El mar
acecha al solitario que no vuelve a casa
ya que nunca tuvo casa pero en el rumor
de la ola encuentra el himno que buscaba
El mar está en el centro del vértigo en
La boca de la muchacha que viene de la leyenda
Está en los hechos que modifican la vida de las
plantas atrapadas en las autopistas El mar
es límite y comienzo vacío y sortilegio
en el jardín de asfódelos donde celosamente
guarda el recuerdo de la madre

IV
La brisa que carece de nombre es ella. Es ella la nube que no tiene rumbo. Es ella el agua que busca una salida, pero supo al venir aquí desde la leyenda que en esta ciudad el crimen se ampara en otro crimen. ¿imaginó la confianza borrada del rostro de los niños? ¿imaginó al terror suplantando la palabra? ¿imaginó las destempladas mañanas? ¿imaginó la sangre cayendo sobre las estatuas? ¿imaginó los patios mancillados por la violencia de los especuladores? ¿cómo volver a la ciudad donde es posible la leyenda, donde en ánfora mide las distancias? ! dadnos de nuevo lo que esta antes de la palabra¡ De nuevo concédenos el ansia de lo puro.

La hoja de acanto brotó del arrume de escombros y fue como si en el horizonte resplandeciera la visión del mar en el día más alto del verano de Ulises. En el pecho de los huérfanos y en los ojos de las viudas sonó la música de quienes regresaban, apareció en la lejanía la silueta de los sobrevivientes.