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POESÍA

Oficios del Destierro, poemas de Marcos Fabián Herrera

19 · OCTUBRE · 2026

Marcos fabian herrera, silabario

Villa de Leyva

Para Juan José Osorio Cerquera

Con el llamado de los vientos
Los artesanos alzaron los mapas y las vetas de arcilla señaladas
en rojo
Los amantes se bañaron el rostro
Con el agua de la pila de la plaza
Para espantar la modorra del amor
La sombra de Juan de Castellanos
Vigila la noche para escribir la elegía de un varón ilustre
De la urbe.

En el cielo las cometas logran la concordia alada
Que los humanos prometieron al empedrar las calles.
El ronquido de un animal jurásico
Espanta a los malandrines que roban los frutos
Al agarrar la paloma, Juan José, cae de bruces en el suelo de
Plumas pétreas de Villa de Leyva.

Ave

Libre de los barrotes de la jaula
Se encarceló en el aire
para manchar con plumas
La aurora del estío.

En el cuenco de la estatua comió el alpiste
para mancillar con estiércol alado
La leyenda de la placa del parque.

Los vientos alisios la hicieron inmigrante
para recalar en la playa de sombras
Una ruina ósea en la arena
Es el vestigio del último vuelo.

Ácrata

En este andén de la historia
El truhán que se viste de santo y duerme
Para curar la hambruna
Ha sido un arlequín de la corte y un bufón del rey.
En su sueño ordena a las huestes sublevarse y
Destronar al tirano.
Al dominar el reino
Los saltimbanquis ocupan el lugar de los sabios y legisladores
El haz de luz que descarga el sol sobre su rostro
Le recuerda que la suya fue una rebelión intestinal
Alentada por la anarquía de sus vísceras.

Génesis

Al concebir los cielos e inventar las lluvias
El arquitecto de mundos supo burlar la
Precisión y el calendario.
Para distracción de meteorólogos y adivinos
Ocultó los pálpitos de la tierra con la lava ardiente de los
volcanes.
Con aguas enturbiadas irrigó los ríos para que los hombres
Imaginaran crecientes y malestares telúricos.
Con cantos de aves hizo pasar inadvertido el jadeo del bosque y el
Suspiro de los líquenes.
Nubló el saber de los hombres con libros y ciencias
Que los hizo creer dueños y artífices de los espejismos.
En el silencio de la nada el arquitecto del mundo sonríe
Al ver su crío facultado por el desafuero.

Prócer

Relató epopeyas de guerras perdidas
Aura de leyenda que los apellidos ilustres le
Arrebataron de los manuales de historia.
Hijo bastardo de la gloria
En su tierra combatió
Como alfil indócil en el ajedrez de la vida.
Buscó la hagiografía jamás dada en los brazos de meretrices
En el anís del monte el ascenso que nunca llegó.
Como otro coronel fabulado
Murió esperando la estatua
Para reparar las heridas del orgullo
Y ver el rostro que su memoria olvidó.

Campanero

Se ha entrenado en los tañidos de fiesta
que convocan a los miserables
Para paliar las penas.
Con la cerbatana ha disparado flores sobre la vieja campana
Para modular con notas de orquídeas la onda que no regresa
Al llegar a la colina.
Enfrentando el estío y la lluvia
El campanero ha inventado un lenguaje de sombras
notación de silencios
Danza que celebra el rito de los insumisos del sonido.

Relojero

Por la imperfección de las piezas
ha retrasado los eclipses y aletargado el solsticio
De haber obstruido la arena
en el angosto intersticio
que enumera las horas de la eternidad
la cicuta su hubiera morigerado
en frugal bebedizo
En las manos del proscrito.
Hoy ha hecho desandar el segundero
Para negar la decrepitud de su rostro
El obstinado calendario
Es heraldo de la vejez.

Sombra

Aterido en la noche bajo la arcada del caserón
El cazador de penumbras husmea los rescoldos del fantasma
Que murió de tedio esperando asustar
Los espectros de la casona fueron jubilados y reemplazados
Por artefactos que acompañan los miedos de sensaciones sinestésicas
Y prodigios futuristas
Las leyendas se convirtieron en manuales bilingües e instructivos turísticos.
La mujer malherida que arrastra un vestido sangrante
Ahora se oculta en el desván huyendo del saneamiento y la asepsia de los
higienistas del sistema
El espejismo escamotea los sentidos
La vieja farmacia de espíritus ya solo es una botica para letraheridos
Y borrachos insomnes

En este poemario de Marcos Fabián Herrera, a través de la representación de lo insólito transcrito en oficios de artesanos minuciosos, confinados a los márgenes (equilibristas, campaneros, luthiers, pajareros, relojeros…), los héroes se desploman irremediablemente para mutarse en ídolos o en villanos atrapados entre los espejismos de los sueños. Su poesía en Oficios del Destierro reafirma su fuerza en el reconocimiento de la sórdida realidad de un espacio vital en ruinas. Para ello, a decir de Blanca Varela, la voz poética le “da nombre a todas las sombras, a todos los fantasmas” a modo de viaje iniciático que atraviesa las distintas galerías del alma humana para comprender el misterio de la palabra inscrita en una encrucijada oscura y recóndita.
Es sorprendente en la poesía de Herrera esa mirada precisa de la fugacidad de la existencia como metáfora gótica del fluir del tiempo o la destrucción de lo humano, piezas condenadas a la hecatombe del individuo en ominoso tránsito. Con un lírico y pulido lenguaje, su obra poética nos acerca a un universo de palabras, hacia el laberinto del hombre en permanente “exilio”, como parábolas de un éxodo que recorre las distintas estancias que habitan los temas eternos y su antítesis: el amor, la mujer, el dolor, la muerte o los monstruos.
M. Ángeles Vázquez Leñeros
Granada – España