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ENSAYO

Los cien años de soledad del sabio catalán

25 · JULIO · 2026

Gabriel garcia marquez – 2

Por Xavi C. Ribot*

Ramon Vinyes es el único personaje real de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Un hombre nacido en la ciudad pirenaica de Berga, en la provincia de Barcelona (Cataluña-España), que de los setenta años que vivió (1882-1952) pasó un total de 24 de su vida errante, itinerante e indómita en Colombia, concretamente en el Caribe colombiano, aunque viajó por buena parte del país. Él llegó a Ciénaga en 1913 y pasó a Barranquilla en 1914, donde abrió la famosa librería R. Viñas & Co., junto a dos catalanes más, Xavier Auqué Masdeu, padre de Javier Auqué Lara, autor de Los muertos tienen sed, y Pau Vila i Dinarès. Creó la imprescindible revista Voces. Colaboró en la modernización literaria, cultural y política de Barranquilla y por extensión de todo el país desde la costa caribeña. Y dejó una huella imborrable y un legado que todavía es vigente. Además, fue un gran activista y gestor cultural, profesor en el Colegio de Señoritas de Barranquilla y periodista. Todavía son recordados sus artículos de crítica literaria, como los de Voces, en El Heraldo, de Barranquilla, así como su columna “Reloj de Torre”, que coincidió en el tiempo con “La Jirafa” de Gabito, y sus editoriales, los únicos que se publicaban firmados como signo de prestigio.

Todo ello no le eximió de ser expulsado en 1925 por el general Eparquio González, entonces gobernador del Departamento del Atlántico, por rechazarle, con razón, la publicación de unos versos pomposamente románticos en Voces. Volvió en 1929, pero retornó a Barcelona con la proclamación de la II República española en 1931. Finalmente, se exilió otra vez en Barranquilla en 1940, huyendo de los fascistas españoles, donde permaneció hasta 1950 para disgusto de sus amigos barranquilleros, entre los que debemos destacar a los jóvenes con los que conformaría el llamado Grupo de Barranquilla. “los cuatro despotricadores”: Alfonso Fuenmayor, Germán Vargas Cantillo, Álvaro Cepeda Samudio y, claro, Gabriel García Márquez. Además de otro sabio imprescindible: José Félix Fuenmayor, padre de Alfonso.

Una nómina de amistades barranquilleras en la que también tienen su lugar Jorge Rondón, propietario de la Librería Mundo, donde también trabajó Vinyes, Luis Vicens, Juan B. Fernández Renowitzky y su padre, Roberto, Bob, Prieto, Bernardo Restrepo, Alfonso Carbonell, Rafael Marriaga, Julio Mario Santodomingo, Armando Barrameda Morán, Meira Delmar, Benjamín Sarta, Adalberto Reyes, Carlos Ossio Noguera y Alfredo Delgado. Además de Alejandro Obregón, Orlando Rivera, Figurita, y Cecilia Porras. Entre otros.

Sobre el mismo Vinyes, el cataquero reconoce con contundencia: “La persona que más influyó sobre mí era el catalán Ramon Vinyes, que vivió muchos años en Barranquilla y que es el sabio catalán de Cien años de soledad”. Y, además, también afirma: “Es el único personaje de mi libro que no he alterado. Todos los demás son hijos de la composición, individuos ficticios. Pero al describir al ‘sabio catalán’ procuré no desfigurarlo ni un poquito, retratarlo escrupulosamente”.

 

El Nobel

Por otra parte, en su discurso del Nobel de 1982 al interrogarse sobre su premiación, García Márquez hizo un elogio inmejorable de la poesía: “Confieso sin falsas modestias que no me ha sido fácil encontrar la razón, pero quiero creer que ha sido la misma que yo hubiera deseado. Quiero creer, amigos, que este es, una vez más, un homenaje que se rinde a la poesía. A la poesía por cuya virtud el agobiante inventario de las naves que enumeró en su Ilíada el viejo Homero está visitado por un viento que la empuja a navegar con su presteza intemporal y alucinada. La poesía que sostiene, en el delgado andamiaje de los tercetos del Dante, toda la fábrica densa y colosal de la Edad Media. La poesía que con tan evidente como milagrosa totalidad rescata a Nuestra América en las Alturas de Machu Pichu de Pablo Neruda el grande, el más grande, y donde destilan su tristeza milenaria nuestros mejores sueños sin salida. La poesía, en fin, esa energía secreta de la vida cotidiana, que cuece los garbanzos en la cocina, y contagia el amor y repite las imágenes en los espejos”.

Ramon Vinyes acoge en Barranquilla a unos niños que jugaban a ser adultos y les cambia sus juguetes por lecturas imborrables, como se refleja en Cien años de soledad: “Cuando Aureliano lo conoció tenía dos cajones llenos de aquellas páginas abigarradas que de algún modo hacían pensar en los pergaminos de Melquíades, y desde entonces hasta cuando se fue había llenado un tercero, así que era razonable pensar que no había hecho nada más durante su permanencia en Macondo. Las únicas personas con quienes se relacionó fueron los cuatro amigos –Alfonso, Álvaro, Germán y Gabriel–, a quienes les cambió por libros los trompos y las cometas, y los puso a leer a Séneca y a Ovidio cuando todavía estaban en la escuela primaria. Trataba a los clásicos con una familiaridad casera, como si todos hubieran sido en alguna época sus compañeros de cuarto, y sabía muchas cosas que no se debían saber…”

En este sentido, de él Gabito aprendió que “la literatura es el mejor juguete para burlarse de la gente” y que “la sabiduría no valía la pena si no era posible servirse de ella para inventar una nueva manera de preparar los garbanzos” (CAS). Aunque quizás lo más importante son las dos recetas que le dio para la novela que estaba escribiendo en esos momentos, cuando se conocieron en Barranquilla, a finales de los años 50, La casa, a la que Gabito llamaba “el mamotreto”, y que llevaba consigo a todas partes. Primero: “Cuando la imaginación se mezcla con la realidad adquiere un vigor extraordinario”. Y segundo: “Me aconsejó que la ciudad de la novela no se llamara Barranquilla, como yo lo tenía decidido en el borrador, porque era un nombre tan condicionado por la realidad que le dejaría al lector muy poco espacio para soñar”. Así nació Macondo.

Antes de terminar, debemos recordar que poca gente se fija en el singular hecho que en Cien años de soledad aparecen palabras catalanas: “Melquíades le reveló que sus oportunidades de volver al cuarto estaban contadas. […] Fue él quien le indicó que en el callejón que terminaba en el río, y donde en los tiempos de la compañía bananera se adivinaba el porvenir y se interpretaban los sueños, un sabio catalán tenía una tienda de libros donde había un Sanskrit primer que sería devorado por las polillas seis años después si él no se apresuraba a comprarlo”. O sea, y esto es revolucionario, que el libro encontrado en la librería del sabio catalán que le permitió a Aureliano descifrar los pergaminos de Melquíades no estaba escrito en sánscrito, sino en ¡catalán! La otra palabra: “Collons —maldecía—. Me cago en el canon 27 del sínodo de Londres”. Collons significa cojones. La misma palabra que aparece también en “María dos prazeres”, incluido en Doce cuentos peregrinos.

Tal como el mismo Gabo reconoce, él es escritor por timidez, puesto que su verdadera vocación es la de “prestidigitador”: “Pero me ofusco tanto tratando de hacer un truco, que he tenido que refugiarme en la soledad de la literatura. Ambas actividades, en todo caso, conducen a lo único que me ha interesado desde niño: que mis amigos me quieran más”. Lo mismo que queremos todos. Quiere “escribir para no morir”. Y, como Vinyes, cree que la estirpe de los griots, de los cuenteros, esos habladores que todavía se encuentran en las calles de nuestras ciudades y que viajan de pueblo en pueblo explicando cuentos, historias inverosímiles, hechos nunca acaecidos, leyendas, chistes, es “la única que no está condenada a cien años de soledad ni a sufrir la maldición de Babel”. García Márquez también recuerda que el mundo se divide en dos clases de personas, los que saben contar historias y los que no saben. Ramon Vinyes también lo sabía y ahora pueden comprobarlo los lectores colombianos –no así los lectores españoles– a partir de la traducción que ha publicado la editorial bogotana Samota Libros de Entre la boca de las nubes. Todos los cuentos de Ramon Vinyes, de Ricard Vela, en una edición histórica, pues es la primera vez que se publican en castellano todos los cuentos del sabio catalán. Una obra que rinde un merecido homenaje a Ramon Vinyes.

Gabriel García Márquez aún continúa en su discurso del Nobel: “En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte”. Y recuerda la definición del que llama “gran poeta de nuestras Américas,” Luis Cardoza y Aragón, que la poesía és “la única prueba de nuestra existencia”.

Gabo hace exactamente lo mismo que hacía Ramon Vinyes, invocar la poesía, la misma poesía que aparece en los cuentos del catalán, así como en su dramaturgia, ya que nunca dejó de escribir a pesar de su vida ambulante de un lado para otro, eso sí, única y exclusivamente en catalán, excepto Un caballo en la alcoba, el único cuento escrito directamente en castellano. Su vida no es prosaica. Mas bien es poética. Alimentada del más fino humor y exacerbada de una ironía y un sarcasmo inevitables. Una característica poètica que se observa en las poesías escritas en Barranquilla como Ermita en els Andes (Ermita en los Andes), dedicada a la Virgen de las Lascas; Holanda en els tròpics (Holanda en los trópicos), sobre Curaçao; El Puracè, volcà Vell (El Puracé, volcán viejo), dedicado a este volcán colombiano, y Altes muntanyes dels Andes (Altas montañas de los Andes), en donde, como en algunos de sus cuentos más tropicales, el paisaje de Colombia que tanto le emociona toma un protagonismo exacerbado.

Por todos estos motivos, Colombia todavía le debe su homenaje oficial al sabio Vinyes, al abuelo sabio, al hombre que ha leído todos los libros, al bebedor de Coca-Cola, al sabio catalán. Para conmemorar el centenario del nacimiento de Gabriel García Márquez, y los 145 años del natalicio y los 75 años de la muerte de Ramon Vinyes, efeméride que se cumple en 2027.

Y recordarlo, con un recuerdo solitario, de su soledad, de sus mismas estirpes, hoy en día, en que la poesía sufre tanto maltrato.

*Xavi C. Ribot (Xavier Colomer-Ribot) es un académico, periodista, escritor y conferenciante internacional de origen español, nacido en Sant Feliu de Guíxols (Girona). Destaca principalmente como colombianista y experto en la literatura hispanoamericana del siglo XX, con un enfoque profundo en el realismo mágico.